Suelo bien nutrido ayuda a una buena cosecha.

Viernes, Abril 29, 2016

El suelo tiene una gran cantidad de nutrientes que son determinantes en el crecimiento de los cultivos. Existen diferentes formas de proveer a los suelos de estos nutrientes, ya sea con fórmulas químicas o mediante insumos de origen orgánico.

 

Se usan preferentes fertilizantes químicos como plaguicidas y herbicidas, pero con la desventaja de que el suelo queda contaminado por sus componentes. Debido a ello, se demandan fertilizantes orgánicos para contrarrestar estos efectos o prevenirlos en el mejor de los casos.

 

Los fertilizantes orgánicos se obtienen tratando la materia orgánica, que puede ser de origen vegetal, que en el suelo se transformará en humus. El humus es la sustancia resultante de la degradación de los componentes orgánicos por los microorganismos que se encuentran en él. Es un material estable, ya que no se descompone más. Posee además un color negruzco debido al alto componente de carbono.

 

Por otra parte, existe un “abono verde” que se incorpora al suelo cuando aún tiene este color con el objetivo de enriquecerlo, (ej. Desmodium heterophilum), otros que se llaman “cultivos de cobertura” que son plantas que se siembran para cubrir el suelo y protegerlo de la erosión y lavado excesivo de nutrimentos (ej. Mucuna pruriens). De forma general, las leguminosas portan o fijan N al suelo (Mucuna de 200 a 300 kg N/ha). Sirven para el control de malezas cuando se intercalan con otros cultivos. Y también dan un efecto alelo químico para el control de malezas y en algunos casos de insectos.

 

Por otro lado, existe el estiércol animal, que es eficaz para fertilizar los cultivos y a la vez dispone de material potencialmente contaminante. Este tipo de fertilizantes, su alto valor nutricional se refleja en su contenido de N, P2O5 y K2O.

 

Dado que el fertilizante químico solo suple las necesidades nutritivas de las plantas, pero no tiene ningún efecto benéfico en la condición física del suelo. El fertilizante orgánico por su parte, además de alimentar a las plantas, evita la erosión de los terrenos, favorece la vida microbiana del suelo y suministra nutrientes a medida que se descomponen. La principal ventaja es el valor ecológico, es natural, no se necesita algo para producirlo. El químico por su parte sí.

 

Debido a que el éxito del cultivo depende principalmente de la calidad de la raíz, y la raíz toma los nutrientes directamente del suelo, es indispensable mantenerla enriquecida con los nutrientes que requiere en cada periodo del crecimiento.

 

Para evitar la contaminación por la utilización de estiércol animal, se pueden realizar aplicaciones de 60 a 120 días antes de siembra de cualquier cultivo para consumo fresco. No aplicarlo después de la siembra. La composta elimina muchas de las bacterias patógenas. Las compostas son el producto final de la descomposición de materiales orgánicos, la más conocida es la aeróbica donde los microorganismos (bacterias, hongos) trabajan en presencia de oxígeno para degradar el material orgánico. La anaeróbica es donde la descomposición se lleva a cabo en ausencia de oxígeno.

 

Los materiales más comunes para obtener composta, son residuos alimenticios (frutas, vegetales, cascarones de huevos, borra de café, bolsitas de té, servilletas usadas), residuos de jardinería (hojas grama y yerbajos), material leñoso, cenizas de madera no tratada, estiércol, desechos comerciales de alimentos. El contenido nutricional dependerá del material utilizado para preparar la composta.

 



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